sábado, 24 de agosto de 2013
La última Kombi se va de la fábrica
La Volkswagen alemana hará una edición especial de la más famosa furgoneta de la historia, porque ya no se ensamblará más: no cumple con las actuales normas de tránsito
Cuenta la leyenda que luego de la aparición del Volkswagen “Escarabajo” (conocido dentro de la fábrica de Wolfsburgo como T1) un importador holandés tiró sobre el papel unas cuantas líneas para crear otro modelo, distinto al beetle y para diferentes usos. Era más largo, con más capacidad, también más cuadrado y con el conductor casi sentado encima del eje delantero de las ruedas. Sin saberlo, ese ignoto vendedor holandés estaba diseñando el prototipo de la popular Kombi (que internamente en Volkswagen se conocería como T2).
La fabricación en serie comenzó a inicios de la década de 1950. Desde entonces, las Kombis han sido una parte importante del desarrollo cultural vehicular del mundo occidental (ver recuadro).
Desde aquellos modelos iniciales, pasando por los modelos Samba-bus (fabricados especialmente con ventanas en el techo para poder apreciar paisajes alpinos, o cualquier otra cosa que esté por sobre la línea del techo) hasta los modelos más modernos.
Seis décadas después, este 2013 será testigo de la fabricación del último modelo de Kombi, una serie muy exclusiva de solo 600 unidades que tendrá como nombre Last Edition.
La Volkswagen alemana llevará adelante esta empresa. La Volkswagen brasileña era la última fábrica de la marca que seguía produciendo las míticas Kombis (solo para el mercado interno), pero hace cuestión de un mes cerró su producción, según indicaron a El Observador fuentes de Julio César Lestido, la concesionaria local de Volkswagen.
Este modelo solo estará disponible con un motor, el Flex 1.4, que funciona con gasolina y etanol indistintamente, consiguiendo en cada caso 78 y 80 caballos de velocidad de potencia, y que va asociado a un cambio manual tradicional de cuatro marchas.
Para mantener la imagen mítica del vehículo, para el modelo especial Last Edition se ha elegido una estética bastante retro al combinar el color celeste (uno de los tonos originales de los modelos Kombi alemanes) como base, con el blanco en diversas partes como llantas, techo, paragolpes, así como un logo que reza “56 años” situado en la parte trasera de la furgoneta. Esto, en lo que se refiere a la coraza de la camioneta.
Por dentro, la misma combinación de colores está en el diseño de sus nueve asientos, así como en los paneles de las puertas.
El modelo incluye algunos mínimos cambios tecnológicos con respecto al original. Por ejemplo, una radio con reproductor de cd y una conexión de puerto USB para pendrives o computadoras. Sobre la radio hay una placa con el número de la serie que indica el número de fabricación de la unidad.
No viene a Uruguay
A quienes con un gesto de tristeza se pregunten cuál es el motivo por el que las Kombis no se fabriquen más, se les responderá que la razón está en las normas de seguridad que han entrado en vigencia tanto para ruta como para tránsito en la ciudad.
Por su propia conformación morfológica, la Kombi no puede ofrecer cinturones de seguridad de tres puntas para todos sus ocupantes, ni tampoco airbags.
Fuentes de Julio César Lestido dijeron que Uruguay no va a recibir ninguna de estas 600 unidades de colección; por lo tanto, el que quiera tener una deberá intentar conseguirla fuera de fronteras.
El espíritu de una época
En la década de 1960, la popular Kombi se volvió un vehículo típico de la juventud y de los ideales que esta enarbolaba por esos años. La Kombi le dio a los jóvenes la posibilidad de viajar de forma autónoma, independizados del control de sus padres. Como buena furgoneta, se podía dormir dentro, lo que además abarataba la aventura rutera, porque de pronto ya no había que pagar hotel. Sumado a la romántica perspectiva de una noche dentro de la Kombi, las bacas del techo daban lugar para una buena cantidad de equipaje y, fundamental, las tablas de surf. Desde las playas de California al mundo entero, las Volkswagen Kombi navegaron el asfalto y los caminos de tierra llevando jóvenes que pintaron sus carrocerías con diseños flower power, fumaron marihuana, concibieron hijos detrás de las consabidas cortinitas de las ventanas traseras e hicieron un hogar sobre cuatro ruedas. Hoy todavía puede verse en las rutas algo de aquel espíritu sesentero, y en el estacionamiento de alguna playa perdida aún queda la vieja y nostálgica Kombi que junto a las VW del logo tiene el símbolo de la paz.
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